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El escándalo ambiental de los deliverys

Hoy pedí un delivery de comida. Me llega una bolsa de papel kraft, y adentro aparecen tres cajitas de cartón, y otras de plástico para las salsas. Acá está un California roll, allá otro, la salsa de soya, el jengibre y el wasabi cada uno en su propio envase individual de plástico. ¡Ah! Y al fondo vienen los palillos, envueltos en papel. Lo disfruto en el momento, si, pero después voy directo a la basura a botar todos esos envases. ¿Era necesario?

El delivery ha crecido muchísimo durante la pandemia, y ha salvado la vida de los que no tienen el tiempo o las ganas de cocinar, no pueden salir por restricciones o solamente se quieren dar un gustito. Uno sale en la calle de las ciudades más grandes del país y ve cantidades de mochilas naranjas de Rappi, verdes de UberEats y rojas de PedidosYa manejando hacia su próximo cliente. 

¿Pero quién no se ha desesperado al ver la cantidad de papel o plástico de un solo uso que llega con nuestro anhelado almuerzo/cena? 

La mayoría de los envases son de cartón plastificados (que permiten evitar que se traspase la humedad de la comida al envase). Si bien estos envases pueden parecer reciclables, gran parte no lo son, y tampoco biodegradables. Y cuando están manchados de aceite ya no sirven para este propósito. Además, con un pedido de comida, se calcula que uno recibe/bota en promedio 54g de plástico, contra 6,6g si hubiera ido a comer al restaurante. Los envases de polipapel con tapa de plástico se venden en su descripción como ecológicos, lo que no es verdad.

¿Como combatir este despilfarro de materiales?

A lo largo del mundo emprendimientos han aparecido para tratar este problema : se han hecho envases retornables de vidrio, «bowls» donde al final hay que suscribir un servicio y desembolsar algo. Cada sistema trae sus inconvenientes. En Asia hasta se ha intentado envolver la comida con flores de loto. Al final no hay solución inmediata, y todo es de a poco. La tendencia positiva que se ve en Chile es que al pedir una comida en la web o en ciertas aplicaciones, uno puede rechazar los extras (ejemplo: cubiertos desechables, salsas que ya tengo en casa…).

Otro problema vinculado a la explosión de los repartidores, es que usan motocicletas o bicimotos, con el motor a veces cambiado de forma casera. Una moto contamina obviamente mucho más que una bici que tiene impacto ambiental neutro. En una capital como Santiago las bicicletas representan solo la mitad de los repartidores.

Se requiere pensar en cómo mejorar la huella ambiental de los Deliverys, ya que ha tomado tanta importancia en nuestra vida. Algunas ideas para mejorar son favorecer e incentivar el transporte no motorizado o eléctrico; los envases realmente reciclables o biodegradables, y la re-utilización de estos cuando es posible (por ejemplo, si recibes una botella de bebida, re-utilízala recargando detergente u otro producto de limpieza).

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